jueves, 25 de marzo de 2010

La dimensión ética de la educación superior y la investigación en la sociedad

La educación superior, y más concretamente, las universidades, deben asumir un compromiso con la ética.
La "Declaración Mundial sobre la Educación Superior", aprobada en París, en 1998, establece que todas las funciones universitarias: docencia, investigación y extensión, deben ejercerse con una dimensión ética, es decir, sometiendo todo su quehacer a las exigencias de la ética. "Esta dimensión, afirma Federico Mayor, "cobra especial relieve ahora, en los albores de un nuevo siglo, en esta época de rápidas transformaciones que afectan casi todos los órdenes de la vida individual y colectiva, y que amenazan con borrar los puntos de referencia, con deshacer los asideros morales que permitirían a las nuevas generaciones construir el porvenir".

A su vez, la Declaración sobre la Educación Superiore n América Latina Y el Caribe (La Habana, noviembre de 1998), proclamó que "El conocimiento es un bien social que sólo puede ser generado, transmitido, criticado y recreado, en beneficio de la sociedad, en instituciones plurales y libres, que gocen de plena responsabilidad y una indeclinable voluntad de servicio en la búsqueda de soluciones a las demandas, necesidades y carencias de la sociedad, a la que deben rendir cuentas como condición necesaria para el pleno ejercicio de la autonomía. La educación superior podrá cumplir tan importante misión en la medida en que se exija a sí misma la máxima calidad, para lo cual la evaluación continua y permanente es un valioso instrumento".

Finalmente, conviene reproducir los conceptos incluidos en la Declaración sobre la ciencia Y la utilización del conocimiento científico2' que tienen que ver con la dimensión ética del conocimiento:

"Se apela a las naciones y a los científicos del mundo a que reconozcan la urgencia de utilizar el
conocimiento de todos los campos de la ciencia de manera responsable para satisfacer las necesidades y aspiraciones humanas, sin caer en su mala utilización".
"Ciertas aplicaciones de la ciencia pueden resultar perjudiciales para los individuos y la sociedad, para el medio ambiente y la salud humana, e incluso pueden poner en peligro la continuación de la especie humana, y que la contribución de la ciencia es indispensable para la causa de la paz y el desarrollo, y para la seguridad global".
"Los científicos junto con otros actores de importancia tienen la responsabilidad especifica de evitar las aplicaciones de la ciencia que son éticamente erróneas o que tengan un impacto negativo".

La Conferencia abogó por "la necesidad de practicar y aplicar las ciencias según requerimientos éticos apropiados desarrollados en base a un debate público fortalecido: "Cada país deberá establecer las medidas necesarias para tratar la ética de la práctica de la ciencia y la utilización del conocimiento científico y sus aplicaciones. Las mismas deberán incluir los procedimientos apropiados para hacer frente a las disidencias y a los disidentes de manera justa y efectiva. La Comisión Mundial de la Ética del Conocimiento y la Tecnología Científica de la UNESCO puede proporcionar un medio de interacción a este respecto".

lunes, 8 de marzo de 2010

La Sociedad del conocimiento y la universidad ecuatoriana: puntos de reflexion

El país enfrenta una época de cambios en los que la generosidad intelectual y la apertura al debate crítico son los mejores antídotos contra cualquier intento de manipulación e imposición de agendas. Con el ánimo de contribuir en este ejercicio democrático de elaboración de las leyes, en el que se tienen que garantizar siempre verdaderos espacios de participación de la ciudadanía, demos respuesta a los siguientes puntos críticos para la reflexión:

1. La enseñanza superior y la investigación científica son pilares fundamentales para superar el subdesarrollo. En nuestro caso, además, deberán transformarse en base indispensable para potenciar las capacidades nacionales y las diversas culturas existentes con miras a construir el buen vivir.

2. La educación, incluyendo la educación superior, es un bien común, entendido como un bien que beneficia a la sociedad en su conjunto más allá de su usufructo individual. Esto exige el establecimiento de regulaciones básicas y comunes para su efectivo desarrollo buscando siempre los máximos niveles de calidad sobre las bases de un pensamiento universal fundamentado especialmente en nuestra realidad ecuatoriana y latinoamericana.

3. El Estado, entonces, debe asumir su tarea rectora y reguladora. El vaciamiento del papel estatal en la vida de nuestras universidades, ha sido entre otros el causante de la mercantilización de la enseñanza superior. La privatización de lo público explica la disminución de la inversión en el campo educativo desde una perspectiva nacional. Es asimismo indispensable revertir la lógica del privilegio en desmedro de la lógica del mérito, y los vicios de dirigencias que han introducido la disputa político-partidaria en la vida académica. Todas estas situaciones provocaron la pérdida de la excelencia académica y la exclusión de amplios segmentos de la población de la educación universitaria.

4. Esto implica replantear estructuralmente los entes de control y regulación. El CONESUP ha fracasado. No impidió la precarización del profesorado universitario, tanto como la devaluación de los títulos universitarios ecuatorianos. Fue un ente ineficaz para frenar la proliferación de muchas carreras e incluso de instituciones de educación superior alejadas de las demandas del desarrollo nacional, que tampoco logró revertir el abandono casi absoluto de la investigación científica. Son cada vez menos las personas que pueden dedicarse a la investigación y la ciencia en Ecuador: una innegable señal de maldesarrollo.

5. En estas condiciones, la universidad fue una caja de resonancia de intereses mercantiles: reprodujo las desigualdades sociales; se mostró ineficiente en términos de garantizar carreras provechosas y tasas adecuadas de graduación de los estudiantes. La universidad devino ineficaz en la evaluación de sus logros académicos, resultó impermeable a las demandas, necesidades y procesos de rendición de cuentas que la sociedad le planteó a largo de la últimas décadas, y resultó poco pertinente en términos de su responsabilidad social.