La educación superior, y más concretamente, las universidades, deben asumir un compromiso con la ética.
La "Declaración Mundial sobre la Educación Superior", aprobada en París, en 1998, establece que todas las funciones universitarias: docencia, investigación y extensión, deben ejercerse con una dimensión ética, es decir, sometiendo todo su quehacer a las exigencias de la ética. "Esta dimensión, afirma Federico Mayor, "cobra especial relieve ahora, en los albores de un nuevo siglo, en esta época de rápidas transformaciones que afectan casi todos los órdenes de la vida individual y colectiva, y que amenazan con borrar los puntos de referencia, con deshacer los asideros morales que permitirían a las nuevas generaciones construir el porvenir".
A su vez, la Declaración sobre la Educación Superiore n América Latina Y el Caribe (La Habana, noviembre de 1998), proclamó que "El conocimiento es un bien social que sólo puede ser generado, transmitido, criticado y recreado, en beneficio de la sociedad, en instituciones plurales y libres, que gocen de plena responsabilidad y una indeclinable voluntad de servicio en la búsqueda de soluciones a las demandas, necesidades y carencias de la sociedad, a la que deben rendir cuentas como condición necesaria para el pleno ejercicio de la autonomía. La educación superior podrá cumplir tan importante misión en la medida en que se exija a sí misma la máxima calidad, para lo cual la evaluación continua y permanente es un valioso instrumento".
Finalmente, conviene reproducir los conceptos incluidos en la Declaración sobre la ciencia Y la utilización del conocimiento científico2' que tienen que ver con la dimensión ética del conocimiento:
"Se apela a las naciones y a los científicos del mundo a que reconozcan la urgencia de utilizar el
conocimiento de todos los campos de la ciencia de manera responsable para satisfacer las necesidades y aspiraciones humanas, sin caer en su mala utilización".
"Ciertas aplicaciones de la ciencia pueden resultar perjudiciales para los individuos y la sociedad, para el medio ambiente y la salud humana, e incluso pueden poner en peligro la continuación de la especie humana, y que la contribución de la ciencia es indispensable para la causa de la paz y el desarrollo, y para la seguridad global".
"Los científicos junto con otros actores de importancia tienen la responsabilidad especifica de evitar las aplicaciones de la ciencia que son éticamente erróneas o que tengan un impacto negativo".
La Conferencia abogó por "la necesidad de practicar y aplicar las ciencias según requerimientos éticos apropiados desarrollados en base a un debate público fortalecido: "Cada país deberá establecer las medidas necesarias para tratar la ética de la práctica de la ciencia y la utilización del conocimiento científico y sus aplicaciones. Las mismas deberán incluir los procedimientos apropiados para hacer frente a las disidencias y a los disidentes de manera justa y efectiva. La Comisión Mundial de la Ética del Conocimiento y la Tecnología Científica de la UNESCO puede proporcionar un medio de interacción a este respecto".
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